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Por Francisco Zepeda Trujillo
¿Recuerdas la película dirigida por Luis Estrada en 1999? Los habitantes de San Pedro de los Saguaros, un pequeño y olvidado poblado rural, encuentran a su alcalde huyendo con el dinero del pueblo en unas valijas y deciden lincharlo. Juan Vargas, encargado de un basurero y militante del partido en el poder, es nombrado presidente municipal hasta las próximas elecciones. Como era de esperar, Vargas se ilusiona con el nuevo puesto; por fin su talento era reconocido y no pensaba desaprovechar la oportunidad. ¿Quién sabe? Quizás algún día llegaría a diputado. Así que decide afrontar su misión con las mejores intenciones. Pero el camino de la honradez es muy cuesta arriba, empinado, y no le dan las fuerzas, al final termina venciendo “La Ley de Herodes…”. El buen Vargas sucumbe ante los “beneficios” del poder y de la corrupción y, con el tiempo, llega a diputado.
Quizás algunos de nosotros podamos encontrarnos en una situación parecida. En un determinado momento de nuestra historia, circunstancias de la vida nos colocan a la puerta del mundo de los bienes raíces y emprendemos el camino con las mejores intenciones pero, como en el caso del buen Vargas, el camino es cuesta arriba, empinado y poco a poco empezamos a agotarnos. La ética se convierte para nosotros en un fardo pesado, una carga molesta, a veces insoportable, en un conjunto de reglas y normas impuestas desde fuera, que tenemos que cumplir porque no queda de otra. Y entonces, lógicamente, deseamos liberarnos de la carga. ¿Por qué tener las manos atadas? ¿Por qué no sacar jugo a nuestra creatividad e ingenio? Hay tantas oportunidades de negocio al alcance de la mano… ¡y sólo basta ser un poco imaginativo!
Tristemente, la experiencia nos dice que más de algún agente inmobiliario ha sucumbido igual que Vargas. Por eso vemos en nuestro mercado tantas prácticas imaginativas, pero poco profesionales, al margen de la ley y en ocasiones incluso ilegales. La AMPI lleva muchos años luchando contra este ambiente, tratando de dignificar la profesión inmobiliaria. Se requiere constancia, paciencia, esfuerzo y, para no cansarse, probablemente, también una visión distinta de la ética.
Los preceptos éticos no son imposiciones externas ni un estorbo a nuestra profesión. Por el contrario, son la garantía que permite construir un negocio inmobiliario sólido y creciente en largo plazo, sustentado en la confianza que nuestros clientes depositan en nosotros. Sin confianza, nuestra razón de ser como intermediarios desaparece. De ahí la importancia de vivir plenamente, por convicción de conciencia, los principios recogidos en nuestro código de ética y que, en última instancia, podrían resumirse en la regla de oro de la ética: “Trata a los demás como quieras que los demás te traten a ti mismo”.
El autor es Licenciado en Filosofía por la Universidad Panamericana, Maestro en Alta Dirección por la Universidad Anáhuac y MBA por Texas Tech University; adicionalmente realizó estudios de Humanidades Clásicas en Salamanca, España y de Filosofía en Roma, Italia. Ha impartido cursos de Ética en bachillerato, licenciatura y diplomados. Es socio fundador del IMDOSOC Chiapas y de AMPI sección Tuxtla Gutiérrez. Actualmente dirige la oficina de RE/MAX Inmobiliaria Integral en Tuxtla Gutiérrez.
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