No. 52 Abril 2011

Con simpatía, con seguridad porque puedo… esa es la actitud
Por Lic. Carlos Eduardo Hernández
Vicepresidente de Comunicación

Recientemente me encontré con un gran amigo y me recordó una parábola que nos hace reflexionar: “Estaba un millonario frente a una gran multitud y dice”:
-El que cruce este lago infestado de cocodrilos, obtendrá lo que quiera, un coche nuevo, una mansión en donde la desee y mucho dinero-

Nadie se movía de la multitud, hasta que de repente un clavado, un fulano se avienta y cruza hasta la orilla saliendo le preguntan y felicitan. “Oye, muy bien, muchas felicidades, qué auto vas a querer y dónde vas a querer la mansión, y el contesta, -No yo sólo quiero saber donde esta el infeliz que me empujo.

Cuantas veces no sabemos o no reconocemos de  nuestros alcances hasta que algo o alguien nos empujan a realizar las cosas.

Cuando reconocemos que nosotros mismos somos nuestro propio limitante, nos auto boicoteamos con pensamientos negativos y autodestructivos, y esto le puede suceder a cualquiera y en cualquier profesión, ya sean ingenieros, arquitectos, abogados, doctores, profesionales inmobiliarios, deportistas…

Esto me recuerda al boxeador que sube al ring y ve a su oponente y piensa “ah ese está muy grandote, este si mu puede ganar. Solito antes de empezar ya esta derrotado, le dice a la mente subconsciente me va a ganar y como la mente  subconsciente no tiene sentido analítico, le va a quitar la fuerza, la resistencia y seguramente va a perder.

Queridos compañeros quiero con estas reflexiones únicamente inyectar entusiasmo a cada uno de ustedes, recordarles que somos creadores de nuestro destino, arquitectos de nuestro futuro, que todo lo podemos lograr, si lo podemos pensar, algunos piensan que no la están pasando muy bien que no se realizan los negocios, como quisieran, pero no claudiquemos, el trabajo y el esfuerzo tarde o temprano, dará su recompensa, indudablemente.

Me despido con este pensamiento:
Yo tuve un  enemigo que mis pasos seguía
y aunque parezca extraño yo  no lo conocía
mis planes, mis metas, todo desbarataba
mis mejores deseos, por él no los lograba.
Un día al enfrentarlo, le reclamé su cinismo
le destapé la cara y me encontré a mí mismo,
desde ese día todo se transformó
pues aquel enemigo, mi amigo se volvió
mi antiguo subconsciente que antes interfería
ahora por si solo mis deseos cumplía
y hoy que no existe conflicto entre los dos

podemos llegar a todo, inclusive hasta Dios.

 

Contáctanos
¿Tienes alguna sugerencia?
Escribe una nota
Quiero anunciarme

Recomienda este boletín:

contacto.boletin@ampi.org