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Durante varios años, y con el afán de capacitar y actualizar a nuestro gremio, se fueron creando diversos programas tales como cursos, diplomados, certificaciones, etc. Se pensó en tener una licencia, se buscó el acercamiento con autoridades y después de enormes esfuerzos, de reuniones interminables, se logró profesionalizar nuestro trabajo cotidiano a través de una carrera universitaria, la de Técnico Superior Universitario en Comercialización Inmobiliaria con la que se obtiene Título de la Secretaría de Educación Pública y Cédula Profesional.
Esta carrera se impartirá en universidades técnicas, pero para los que tenemos años de experiencia, se nos da la facilidad de presentar un examen y un portafolio de experiencias.
Cuando se nos notificó, sentí gran emoción, era un acontecimiento histórico. De inmediato se hizo la convocatoria para el primer examen nacional. El problema radicaba en que al ser una carrera universitaria, no solo es necesario tener conocimientos en la materia inmobiliaria, sino considerar una serie de aspectos que rodean a la misma y que a la vez, como en cualquier otra carrera, le dan a uno una visión más amplia del entorno. De ahí que en el examen se contemplan temas de contabilidad y finanzas, economía, derecho civil, administración, desarrollo urbano, comercialización, etc.
¿Cómo preparar un examen de esa magnitud en escasos dos meses? Como pertenezco a la primera generación, no había un curso como tal que nos permitiera repasar temas que hemos aprendido en la universidad o en la vida. Así que en nuestro caso, y como cuando en la escuela hacíamos trabajos de equipo, nos dividimos los temas, y nos juntamos durante varias semanas, siguiendo una guía que nos proporciona el CENEVAL.
Llegó el tan esperado día del examen, había varios lugares sede, en total presentamos el examen alrededor de 260 personas en toda la República, nuestro grupo era de 60 aproximadamente. El examen consta de 177 reactivos y teníamos cuatro horas para resolverlo, había preguntas sencillas y otras francamente complicadas.
Después viene la angustia, ya que tardan dos meses en dar el resultado por Internet. Cuando abrí la página y vi: Dictamen Final: Satisfactorio, no cabía en mí de alegría. Posteriormente supe que no todos habían aprobado el examen, me sentí mal por mis compañeros que seguramente tenían tanta ilusión como yo, pero lo bueno, es que hay la posibilidad de presentarlo cuantas veces se quiera, de hecho ya hubo una segunda generación.
Y cuando uno cree que ya la hizo, vienen las instrucciones para presentar la segunda fase: el Portafolio de Evidencias. De igual manera nos dan un tiempo límite, aproximadamente un mes para recopilar la información. El Portafolio de Evidencias consta de cuatro categorías: Estudios y actualizaciones (demostrar con títulos, diplomas y constancias estudios realizados), Publicaciones (mencionar en donde se hizo la publicación y adjuntar copia), Certificaciones (Certificado CONOCER, PIC, etc.) y Comercialización Inmobiliaria (casos prácticos de venta y renta y estimaciones de valor comercial o avalúos).
Una vez entregado, el resultado tardó, al igual que el anterior, cerca de dos meses. Nuevamente salto de júbilo mi corazón, pues al revisar Internet decía: Satisfactorio.
Lo demás depende de cada uno, ya no hay tiempo límite para pedir la expedición del Título y la Cédula. Fui personalmente a la Secretaría de Educación Pública llevando todos los papeles que me solicitaron y al cabo de cuatro meses aproximadamente me entregaron mi Título y mi Cédula Profesional.
Se van haciendo diferentes pagos en cada etapa, el costo total aproximado para la obtención del Título y Cédula es de 11 mil pesos. Si nos ponemos a pensar lo que costaría en tiempo, esfuerzo y dinero cursar la carrera, la verdad es que este costo es realmente simbólico.
Me siento muy orgullosa, por mí y por este gran logro de AMPI, que nos da la oportunidad de crecer, de profesionalizarnos y de dar una garantía a nuestros clientes con ética y eficiencia.
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