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Mi abuela decía: “cada cabeza es un mundo; por tanto hay que aplicar la regla de oro; no hagas a otros lo que no te gustaría a ti te hicieran. Escucha a los demás aunque no estés de acuerdo, de igual forma que a ti te gustaría que te escucharan, aunque ellos no estén de acuerdo.” Como se puede deducir, lo dicho por mi abuela tenia similar intención que Voltaire, pero no llegaba a tanto de “dar la vida” para que alguien pudiera expresar su punto de vista.
Lo importante de ambas reflexiones coincide en que, es natural que en las relaciones humanas siempre habrá diferentes puntos de vista sobre determinado tema; sin embargo, lo realmente difícil se presenta cuando la diferencia existe en materia de conceptos de valores éticos, pues el tema se vuelve asunto delicado y la línea entre discusión y ofensa es delgada.
Y cuando a un tercero le toca ser “el fiel” de la balanza, para ser justo, tendrá que ponerse en las dos situaciones y resulta que puede ser el crucificado; más si es persona de principios, tendrá que asumir las consecuencias que su decisión pueda generar. Más criticable sería que no lo hiciera, porque como dice Marco Tulio Cicerón, “La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio”. Y lo mismo sería aplicable la reflexión de Mahatma Gandhi, “Nunca hay que pactar con el error, aún cuando aparezca sostenido por textos sagrados”.
Todo lo anterior, es un poco con la idea de compartir lo difícil y delicado que resulta para los diferentes Comités de Honor y Justicia de Sección y Nacional, que han trabajado en los diferentes periodos de la vida de AMPI; el analizar y juzgar casos entre colegas no es tarea fácil, pero también es una realidad que se tiene que hacer para evitar que los errores se hagan colectivos, porque como dice Gustavo de Bon, “Pueden adquirir la fuerza de una verdad”.
No hay duda, es un trabajo complejo y delicado, pero también es indispensable saber que alguien lo tiene que hacer ¿no crees tú?
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