Octubre 2009 - Número 18
     REFLEXIONES ÉTICAS:
   
 

Reflexiones Éticas: ¿Por Qué no Hago el Bien que Quiero?

Por Lic. Francisco Zepeda Trujillo

 
Alguien confesaba en una carta una experiencia que podría resumirse más o menos con las siguientes palabras: “El deseo de hacer el bien está a mi alcance, pero no el realizarlo. Puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero…”. Dicha experiencia de alguna manera nos acompaña a lo largo del camino de la vida. Es curioso ver a un bebé cuando empieza a comer solo, literalmente se le hace agua la boca, toma la cuchara, intenta tomar un poco de su papilla favorita y a medio camino se queda con la cuchara vacía, la papilla regada y la boca abierta. Lo mismo pasa cuando intenta dar sus primeros pasos, cuando aprende a andar en bici, cuando trata de encestar su primera canasta en baloncesto… quiere pero no puede, intenta pero no logra hacerlo bien. Obviamente, con el tiempo, después de intentar y volver a intentar, el panorama cambia, la papilla ya no se cae a medio camino, ya no se da de tumbos con la bici. Estos y muchos otros ejemplos nos reafirman el dicho de que la práctica hace al maestro. En otras palabras, podríamos decir que el ser humano es un animal de costumbres, en la medida en que repite y repite una acción empieza a realizarla cada vez con mayor facilidad, hasta que finalmente llega un momento en que le sale de manera automática, casi sin pensarlo.

Y esto aplica para casi todo en la vida. Obviamente no a todo, porque hay acciones como el respirar cotidianamente o el dormir cuando estoy cansado, que realizamos de forma instintiva. Sin embargo, aquello que no es instintivo, lo aprendemos a realizar, consciente o inconscientemente, con la práctica, con la repetición de actos. Y una vez que hemos practicado mucho, hacemos la conducta tan propia que entonces la realizamos de forma natural, como si fuera un segundo instinto. Por eso el niño que se tambaleaba al dar los primeros pasos y azotó veinte veces al aprender a patinar, puede luego literalmente volar y hacer acrobacias como si hubiese nacido con la patineta en los pies. Y por eso mismo el chavo que lleva veinte años comiéndose las uñas o los mocos, hace el ridículo la primera vez que lo invitan a cenar los papás de la novia, a pesar de que se había propuesto no volver a hacerlo en público.

En el mundo de la ética esto es aún más determinante. La experiencia de Pablo de Tarso narrada en su carta a los Romanos lo testimonia; desea el bien, pero se le dificulta obrar el bien que quiere. ¿Por qué? Muy sencillo, porque no ha adquirido el hábito necesario para ello. Cuando una persona se ha decidido a obrar el bien en su vida, a ser ético, coherente, generoso, las buenas intenciones no son suficientes; son el inicio, como los propósitos de año nuevo; pero luego ha de venir la práctica cotidiana, el esfuerzo constante, la tenacidad para perseverar en el camino emprendido y llegar, con el tiempo, a ser virtuoso. En la medida que cultivamos las virtudes, éstas se arraigan en nosotros, cada vez más profundamente, y llega el momento en que ya no solo hacemos cosas buenas, sino que nosotros mismos hemos llegado a ser buenos en el sentido más pleno de la palabra.

Pero también es posible seguir un camino diferente. En lugar de cultivar las virtudes, es decir, los hábitos positivos que perfeccionan nuestro ser, podemos dejarnos llevar por la apatía y el conformismo, podemos buscar lo más fácil o placentero, lo que satisface nuestro orgullo o ambición. Poco a poco estas conductas se arraigan en nosotros, nos vamos llenando de vicios, de hábitos que no perfeccionan nuestro ser, terminamos por ser personas mediocres o incluso malhechores, gente que no obra el bien que quiere, sino el mal que no quiere.

Para comentarios al autor, escribir a franciscozepeda@remax.net

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Todos los artículos publicados son responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión de la AMPI.
 

 

* El autor es Licenciado en Filosofía por la Universidad Panamericana, Maestro en Alta Dirección por la Universidad Anáhuac y MBA por Texas Tech University; adicionalmente realizó estudios de Humanidades Clásicas en Salamanca, España, de Filosofía en Roma, Italia, y de Teología en Oxford, Inglaterra. Ha impartido cursos de Ética en bachillerato, licenciatura y diplomados. Es socio fundador del IMDOSOC Chiapas y de AMPI sección Tuxtla Gutiérrez. Actualmente dirige la oficina de RE/MAX Inmobiliaria Integral en Tuxtla Gutiérrez.

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