Por Ing. José Luis Carrillo Escobar
Sin lugar a dudas, la globalización ha abierto las puertas en nuestro país a un sinnúmero de empresas extranjeras que han afectado de manera determinante a las empresas nacionales. Desde el punto de vista del consumidor eso es bueno porque nos permite obtener en algunos casos una mayor diversidad de productos, en ocasiones a mejores costos y/o mejor calidad. Desde el lado del productor ha provocado el cierre de muchísimas empresas dedicadas a la manufactura y producción.
Si bien es cierto que no hemos tenido una invasión de empresas inmobiliarias extranjeras, es un hecho que cada vez más personas se han visto en la necesidad de buscar en este sector una alternativa económica. ¿Ventaja o desventaja?, se puede pensar en mayor competencia. ¿Esto es real?
Desgraciadamente, gran parte de esas personas que se han refugiado en nuestro sector, lo hacen de manera informal e improvisada y en muchas ocasiones desprestigiando (queriendo o sin querer) la labor de quienes lo hacemos de manera profesional. En alguna ocasión escuché que no hay que tenerle miedo a la competencia, a lo que hay que temerle es a la incompetencia. Precisamente es el daño que nos están haciendo los “colegas” que “incompeten” con nosotros.
Sobreprecios, fraudes, mala asesoría, desconocimiento en materia jurídica, de mercado, fiscal; malbaratan nuestro trabajo (regateos en la comisión), falta de resultados, etc., desilusionan a los clientes y nos crean mala fama.
En cambio la competencia nos beneficia. Cuando vemos que a alguien le va bien, nos motiva a superarnos, y sobre todo en nuestro sector nos permite la gran oportunidad de hacer alianzas.
En efecto, el mercado es tan grande, que cada vez es más difícil hacer operaciones individuales. La mayor parte de las operaciones son cruzadas, es decir, que intervienen al menos dos inmobiliarios.
El pertenecer a asociaciones, nos permite compartir propiedades, experiencias, efectuar alianzas, asistir a cursos, especializarnos. Por eso digo que la competencia es buena.
¿Qué hacer con la incompetencia?, es nuestro peor enemigo. En el Estado de Sonora, se logró que las personas que quieran ejercer esta actividad, están obligadas a obtener la certificación. Debemos de imitar esta ejemplar acción en todos los estados. Utilizar esa certificación como presentación a nuestros clientes, generar la confianza de que su patrimonio estará en buenas manos y que su propiedad será promovida de manera profesional y que la probabilidad de éxito será muy alta.
Dignifiquemos nuestra profesión. Luchemos por la certificación. Invitemos a las personas a integrarse a una asociación, a que asistan a cursos, a que compitan y de esa manera poco a poco ir rescatando la imagen de tan respetable y difícil profesión que desempeñamos.
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