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Por Ing. Ernesto Camacho
Hace doce años era yo funcionario bancario y noten como se me llena la boca al decir esto. No obstante que el banco se encontraba en proceso de liquidación, seguramente porque los funcionarios no supimos aplicar políticas adecuadas. Pues bien resulta que un buen amigo y compadre me invita a su empresa constructora para echar a andar el área de ventas, es decir me invita a vender casas. Entre remilgos, y que ya no había mucho futuro en el banco, acepté.
Cuando a los quince días tuve que hacer mi primera guardia, así, sin más ni más, me metí al ruedo, -al cabo esto es re fácil- decía yo; Algunos de los que nos dedicamos a esto sabemos que, hacer guardia significa estar bajo una sombrilla con una mesa y dos sillas, (desde luego esta manera de vender es común en mi zona, pero seguramente y como en todo, hay inmobiliarias de sangre azul, popof, de alcurnia pues, que no saben de esto). Pues bien, heme ahí sentado y pensando ¿qué demonios hago aquí?, me van a ver mis conocidos, ¡que vergüenza! ¿qué van a decir?. ¡Yo era funcionario bancario… híjole! Viene un carro que se me hace conocido. Que no me vea, que no me vea… que se siga de frente. Me tengo quitar de aquí, pasa mucha gente que seguramente me conoce y me apena que me vean aquí.
Con estas telarañas en la cabeza inicié mi actividad inmobiliaria. Bajo esta tónica seguramente tenía pocas posibilidades de mantenerme a flote, pero es tan noble esta actividad que aún con mis telarañas logré la primera venta, y al ver una cantidad de dinero que no sacaba a la quincena en el banco, me dije, ¡de aquí soy!
Que bueno que sucedió esto, soy verdaderamente privilegiado pues esto significó un parteaguas en mi vida y al decir mi vida, estoy hablando de la de mi familia también y una disculpa por hablar en todo el texto en primera persona.
En esta actividad también suceden cosas que nos hacen preocupar mucho, como el hecho de que se cayó la venta, que el cliente se molestó, que no nos quieren pagar el total de la comisión, que nos topamos con algún malandrín, que se pelearon los asesores, en fin, pero estos no son más que negritos del mismo arroz.
Estas líneas son para rendir tributo a la actividad inmobiliaria, que amalgamado con la suerte de ser invitado a la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios y a una constante capacitación ha permitido, que en nuestro diario acontecer tratemos de dignificar las practicas inmobiliarias.
Ojalá esta vivencia pueda servir para que aquellos que tienen duda de poderse dedicar a esto, les dé el empujoncito final, pues estoy completamente seguro que no se arrepentirán. Y para aquellos que ya se dedican a esta actividad y saben que con trabajo duro y honesto se goza de una vida digna, sirvan estas líneas para que se rían de un servidor, al fin y al cabo, ya se tomaron el tiempo de leerlas.
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