Por José Manuel Galindo
Presidente de ASPRIMA
Prácticamente se han cumplido ya dos años desde que en España se iniciara una crisis inmobiliaria que, lejos de haber remontado, ha visto pronunciado su declive como consecuencia de la crisis financiera y económica internacional.
Los últimos datos hechos públicos reflejan que, aún cuando los precios han experimentado un considerable descenso fruto del esfuerzo promotor para intentar ajustar la situación a la realidad existente, el número de compraventas ha caído más de un 32 por ciento en tasa interanual.
El pulso del mercado sigue sin recuperarse a pesar de la necesidad objetiva de crear 300, 000 hogares al año, del descenso de los precios y de la bajada de los tipos de interés que reduce el esfuerzo financiero de las familias para accederá a una vivienda. Y es que, la situación económica general y del aumento del desempleo han generado una falta de confianza en el consumidor que, unida al endurecimiento de las condiciones para obtener un préstamo hipotecario, está provocando una grave paralización del mercado inmobiliario.
Una de las primeras consecuencias de esta falta de transacciones es la acumulación de un stock de vivienda sin vender que –según nuestras estimaciones- superaba en 2008 las 600, 000 viviendas y que podría llegar a las 800,000 al final del presente ejercicio.
Esta acumulación de stock impide que se construyan nuevas promociones y se desarrollen nuevos suelos, o que provoca una de las consecuencias más graves de todo este entramado: una destrucción de empleo que puede traducirse en 2.4 puestos de trabajo por cada vivienda no construida, y en una reducción anual de la tasa de variación del PIB en 1.2 puntos porcentuales si la producción se reduce en 300.000 viviendas.
Las medidas adoptadas por el Gobierno para paliar la situación económica en general y la crisis del mercado inmobiliario en particular no ha tenido –al menos hasta la fecha- los efectos positivos adecuados. Es por ello, que desde el sector promotor, reclamamos diálogo y trabajo conjunto con las Administraciones y las entidades financieras para, entre todos, impulsar acciones que sirvan para salir a nuestro sector y también al conjunto de la economía, de esta difícil situación.
Desde nuestro punto de vista, es imprescindible poner encima de la mesa soluciones para sacar el stock de viviendas al mercado, tanto en régimen de venta como en alquiler o alquiler con opción a compra, y es preciso también que cada uno de los actores implicados ponga de su parte: los promotores ajustando los precios a la realidad –cosa que ya se viene haciendo-, las Administraciones poniendo en marcha medidas fiscales y estructurales que incentiven este mercado y la banca, facilitando los instrumentos financieros adecuados para ello.
La colaboración y el entendimiento son por tanto piezas clave para adoptar medidas que no han de ser exclusivamente coyunturales, sino que han de tener un mercado de carácter estructural con miras al futuro y al desarrollo con un modelo sostenible.
Es cierto que una vez que logremos superar esta crisis económica y financiera, nuestro sector no volverá a ser como hace unos años. Somos los primeros en apostar por un sector más profesionalizado, racional, dinámico, sostenible e internacional; como somos los primeros en reconocer que se ha vivido una época de excesos a la que, por cierto, no fueron ajenos ni entidades financieras.
Sin embargo no podemos compartir algunas teorías que relegan por completo el papel que jugará la promoción inmobiliaria en el futuro. En España, por sus especiales características, sociales, geográficas y climáticas, la construcción y especialmente la residencial, seguirá teniendo un peso significativo, aún siendo menor que en años anteriores, pero por encima de la medida de otros países del entorno europeo.
Es difícil, sino imposible, aventurar cuándo comenzarán a dar fruto en nuestro sector los tan renombrados brotes verdes, pero en ASPRIMA creemos, y en ello ponemos nuestro empeño, que habrá razones para el optimismo si todos los actores arrimamos el hombro en busca de soluciones eficientes, estableciendo un punto de encuentro adecuado entre oferta y demanda e iniciando así el camino hacia la ansiada recuperación inmobiliaria.
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