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El día 20 de julio en el periódico EL NORTE en la columna del bien leído CATÓN (Armando Fuentes Aguirre) trató del Individualismo mexicano, sí, de ese gran problema que nos ha afectado durante tanto tiempo a nosotros los mexicanos.
No dejamos de reconocer que somos buenos en reconocer nuestros defectos y hasta somos capaces de hacer hasta caricaturas y bromas sobre ello (recuerden el del mexicano que quiere hacer una cárcel, o de los cangrejos, etcétera); pero consideramos que es el tiempo de que pongamos un “hasta aquí!” a este defecto en especial y nos pongamos a trabajar verdaderamente y superarlo y así poder comprobar que el trabajo en equipo, el jugar en equipo trae excelentes resultados, sino veamos cual fue el resultado de jugar en equipo de la Selección de futbol el pasado domingo 26 ante su similar de Estados Unidos ¡ 5 – 0 ! Marcador que no se veía desde 1947 en un partido celebrado en Cuba. O sea, de que se puede, se puede.
Conclusión, trabajemos en equipo y preparémonos para las sorpresas de vivir agradables resultados, o ¿tú qué piensas?
Reproducimos la columna de CATÓN que no tiene desperdicio.
Individualismo mexicano
20 de julio del 2009 Catón EL NORTE (Grupo Reforma)
La selección mexicana de futbol se iba a enfrentar a un equipo brasileño de segunda división. El capitán carioca les dijo a sus jugadores: "-Quédense en el hotel, muchachos. Conocemos al conjunto de México, y sabemos que no es muy bueno. Yo solo puedo jugar contra los mexicanos, y ganarles". Los jugadores le pidieron que por lo menos se hiciera acompañar del portero del equipo, pero él les contestó que precisamente ese jugador era el que menos se necesitaba en los encuentros contra los mexicanos, e insistió en jugar él solo contra la selección azteca. Los brasileños, pues, se quedaron en el bar del hotel, y ahí se pusieron a beber alegremente mientras su capitán enfrentaba sin ayuda al equipo mexicano. Uno de los muchachos calculó que había concluido ya el primer tiempo, y le pidió al encargado del bar que encendiera la tele, a ver cómo iba el juego. En ese momento estaba diciendo el comentarista mexicano: "-Al finalizar el primer tiempo, Brasil le gana a México por un gol a cero. ¡Nuestros aguiluchos están cayendo con la cara al sol! ¡Parece, amigos, que nos estamos encaminando a otra gran victoria moral!". El portero brasileño comentó muy pensativo: "-Un gol a cero... No es mucha diferencia. Ciertamente nuestro capitán está jugando él solo contra los once mexicanos, pero a juzgar por el marcador yo pensaría que no se está empleando a fondo". Siguieron bebiendo y charlando los del equipo de Brasil. Cuando supusieron que había terminado ya el segundo tiempo, encendieron otra vez el televisor. Ahora el comentarista mexicano se oía entusiasmado, eufórico. "-¡El partido ha terminado en empate, señoras y señores! Brasil: un gol. México: ¡¡¡un golaaaazo!!! ¡Nuestros ratoncitos verdes hicieron la hombrada de empatarle el juego al futbolista brasileño! ¡Faltando un minuto para que el árbitro silbara el final del partido, cayó el gol de la igualada! ¡Ya me imagino cómo estará en estos momentos el Ángel de la Independencia, aleteando con las alas sobre la muchedumbre de la multitud de aficionados que festejan la grandeza de esta heroica hazaña, que seguramente quedará inscrita con letras de oro doradas en la historia del deporte mexicano!". Poco después, el capitán brasileño llegó al hotel. Se veía muy avergonzado. "-Perdónenme, muchachos -se disculpó con la cabeza baja frente a sus jugadores-. Les fallé". "-No digas eso -trató de consolarlo uno-. Tú solo te enfrentaste a los once jugadores mexicanos, y aun así conseguiste un meritorio empate. Al terminar el primer tiempo ibas ganando. Te igualaron el marcador, es cierto, pero de ninguna manera nos fallaste". "-Si les fallé -responde con tristeza el capitán-. Por tonto me hice expulsar a los cinco minutos del segundo tiempo. Tarde o temprano los mexicanos tenían que anotar el gol del empate"... ¿A qué viene ese cuento, columnista, difícil de creer, pues tiene todos los visos de lo apócrifo? Viene a colación para hacer una profunda reflexión acerca de nuestro carácter nacional. La más grande figura en la historia deportiva mexicana es Hugo Sánchez, un futbolista. Y, sin embargo, nuestro futbol anda casi siempre por los suelos, y eso por la imposibilidad de andar aún más abajo. Eso habla de nuestra incapacidad para actuar en equipo, cosa que sólo hacemos cuando participamos en algo al lado de extranjeros. Somos individualistas a ultranza. No sólo en el deporte, sino en todos los campos de la actividad, parecemos imposibilitados para actuar colectivamente. (Eso explica por qué en México hay tan pocas orgías). De ahí derivan muchos de nuestros fracasos. (Del individualismo, no de la falta de orgías). Lo dicho: individualismo puro...
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