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Por Nestor Walenten
Presidente de la Cámara Inmobiliaria Argentina
Producida la crisis financiera internacional, con las tremendas consecuencias en las economías de los países más desarrollados y muy especialmente en sus mercados inmobiliarios, los argentinos nos preguntábamos, ¿Qué sucederá con nuestros inmuebles?
Mas allá que nuestros gobernantes, pretendían minimizar las posibles consecuencias en la economía nacional, la ciudadanía sabía que en un mundo globalizado, el mal de una región, tiene su correlato en la vecina, por consiguiente todos nos mantuvimos alertas ante el posible cimbronazo, más aún los actores del sector inmobiliario.
La primera consecuencia de dicha crisis financiera, trajo aparejada la desaparición casi total del crédito, más aún del crédito hipotecario, habida cuenta que los bancos locales no se podían fondear a largo plazo, más aún partiendo del cortoplacismo de las inversiones parte del público.
Esta situación de falta de crédito, en cualquier economía avanzada generaría grandes inconvenientes, más aún, una gran recesión, pero en la economía argentina, especialmente en el mercado inmobiliario, pasa desapercibida, ya que en los últimos ocho años, tan solo el 7% del total de operaciones de compra venta inmobiliaria, se concretaron mediante crédito hipotecario, mientras que le resto, ó sea el 93% lo hicieron con dinero cash.
Esto fue así dado las grandes utilidades que brindaban sectores como el agropecuario, petrolero, minero, exportador, metalmecánica, etc; que posibilitó gran cantidad de emprendimientos inmobiliarios y la fluida demanda de unidades tanto a estrenar como usadas.
Hoy, ante la total ausencia del sector bancario privado, en la oferta de créditos hipotecarios, el Estado Nacional ha debido recurrir a una entidad bancaria semi publica y con fondos que pertenecen al sistema previsional, a brindar líneas de crédito a plazos que van desde los 15 años hasta los 20 años, aunque con tasas lo suficientemente elevadas que imposibilitan el acceso a la clase media y más aún, a la media baja, para acceder a su primera vivienda.
De todos modos celebramos la decisión del Estado Nacional de preocuparse por las necesidades habitacionales de la población y de la necesaria reactivación de los sectores de la construcción e inmobiliarios.
Aunque con bajas apreciables en cuanto a oferta y demanda, el mercado se viene desenvolviendo con los mismos valores de inmuebles que en la pre-crisis. No ha habido variación alguna, ya que el vendedor, sin mayores alternativas financieras rentables, de no ver satisfechas sus exigencias de precio, no vende con lo que se demoran las operaciones y el caudal de las mismas es menor, comparado con igual periodo del año anterior.
Mas allá de todas las razones expuestas, hay un factor condicionante para las expectativas del sector inmobiliario, como son las próximas elecciones legislativas de fines de Junio del corriente año.
Con la ilusión que en las mismas surjan nuevas ideas que beneficien a los sectores productivos y por consecuencia brinden mayor estabilidad laboral, mejores salarios y bienestar social, Argentina encara el segundo semestre de 2009 con renovada esperanza
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